• sebastian - Horta-Guinardˇ - francesc alegre - Dilluns, 25 de juny de 2007



La ciudad a veces se acaba. Así nomás, abrupta sin pedir permiso ni dar mas explicaciones.
Esta es una de esas veces. La calle Francesc Alegre termina en la montaña. El Guinardó se escarpa y no hay como seguir.
Los últimos listones de la escalada humana acaban en unos bloques de edificios hoscos, grandes, imponentes.
Mas allá gana el bosque su batalla, pero a nosotros nos interesa acá.
A un lado de las moles de cemento armado, y debajo del tímido bosque, hay una pequeña cancha de futbol, con dos porterías desvencijadas y cuatro aros de basket sin red.
Hay también un equipo, cuentan los entendidos, que se hace fuerte en este ruinoso estadio.
Nunca ha perdido un partido, ni un desafío, ni un mano a mano.
Nadie sabe de donde vienen, si viven en el barrio o en las alejadas periferias.
Si se pregunta como son, las narraciones difieren: hay quien habla de jóvenes hijos de inmigrantes venidos de distintos países de sudamérica, hay quien especula sobre obreros andaluces de una vieja fábrica cercana y hasta hay quien se despacha con que son la catalana plantilla de una Caixa d'Estalvis i Pensions.
Todos, en cambio, concuerdan en alabar las virtudes que estos muchachos exhiben con el balón. Dotes de manejo, de garra, de definición.
Los vecinos del barrio han tomado al equipo como propio. Ya nadie habla del Barça o del Espanyol, ni tan siquiera del cercano Europa.
Hay quien ha bautizado a la escuadra como Los Angeles de Can Baró.
No hay camiseta oficial. Cada uno juega con lo que tiene. Hay quien se pone la de algún equipo alemán o inglés o italiano, hay quién juega con una camiseta que le obsequiaron en alguna promoción veraniega de cervezas y hasta hay alguno que en las tardes estivales se anima a jugar en cueros.
Los rivales pueden ser rejuntados que andan por ahí; otros equipos que vienen especialmente; o incluso familiares y amigos de los mismos jugadores que vienen con ellos y se van con ellos también. Todos, invariablemente salen derrotados.
Hay un jubilado que dice llevar la estadística del equipo. Dice que tiene un cuaderno donde anota los resultados de los partidos, los goles a favor y en contra, las faltas sufridas y cometidas y cosas por el estilo.
Nadie nunca vio el cuaderno, y yo no creo que exista.
A veces, caminando por la canchita, a la hora del atardecer, miro la montaña oscureciendo en ocres y naranjas, despidiendose, dejando todo el barrio a oscuras.
A veces también miro hacia el lado del mar, los hoscos edificios recortandose en azul del cielo, las cientos de ventanas conformadas en hileras, los sueños escondidos tras los vidrios.Y pienso que quizás, como el cuaderno, este equipo tampoco nunca haya existido, y sea un invento de sus hinchas, sus fanáticos, esos vecinos que, hartos de perder todos los días el partido, quisieron ganarlo por una vez. Aunque sea solo por 1a0.

Dedicado al barrio de Can Baró.

Nuit - 26/06/2007 15:46
Dicen que el futbol es poesÝa. A veces lo es, me acabo de dar cuenta.
ainutxi - 30/06/2007 19:55
Aqui venia a hacer educacion fÝsica, cuando iba al instituto!!

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