• Edgar - Ciutat Vella - Riera Alta - Dimecres, 23 de juliol de 2008

Veo la Riera Alta desde mi ventana, por última vez. La primera vez que dormí en esta habitación lo hice contigo y parecía que el futuro era brillante, claro y despejado. Algún día me dijiste que nunca te escribí una carta de amor como aquella y, como diría Sabina, mal y tarde estoy cumpliendo, aunque no sea una carta ni sea de amor, o al menos ese amor que palpita y vibra. Mi amor por ti está intacto pero lleno de nostalgia, de saudade, de tu olvido. Esta será la primera que te escriba en “tu” página y la última que te escriba desde aquí.

Trabajaba, era un día cualquiera por la mañana y tú estabas tomando sol en la playa. El verano en Barcelona puede llegar a ser insoportable, pero nunca tanto como lo está siendo tu ausencia. Ese día, llegaste con tu piel perfecta y bronceada, tan extrañada en ese momento y ahora, hicimos el amor. Tantas veces en esta habitación que hoy despido. Esta casa está impregnada de ti, de tus recuerdos, de tus ausencias y de muchas de nuestras fantasías. Por eso es que al dejarla siento que nos quedamos un poco los dos en estas paredes y bajo estos techos, los que fuimos juntos y que no tengo claro que volvamos a ser. Cocinaste tantas veces en esta amplia cocina y yo tan pocas, creo que debí hacerte de comer más seguido y creo que debí besarte más y creo que debimos pelear menos y creo que teníamos que haber bailado más. En ese rincón, justo donde ahora hay unas cajas y el suelo sucio le da un toque de nostalgia, estaba la computadora donde tantas películas vimos mientras tantas intercambiábamos caricias. Creo que nunca nos bañamos juntos y eso es algo que la bañera nunca me perdonará. Pasamos sobremesas deliciosas charlando con otras parejas y amigos en este comedor. Y hay el recuerdo de un par de fiestas en las que me sentía inmensamente afortunado por estar con la más guapa de la noche. Tengo un video tuyo, con esa falda blanca y esa blusa café que tan bien te sentaba, mirabas a la cámara desde ese sillón que acumula suciedad y olvido y presentabas el piso a una audiencia desconocida mientras yo me embelesaba con tus pechos y jugaba a no prestarte atención. En este escritorio que no me verá más trabajaste horas y horas y te desesperabas y seguías y luchabas y siempre ganabas, eres más lista de lo que a veces tú misma quieres creer y yo siempre lo supe y confié en ti. Ahora de quien vuelvo a desconfiar es de ese tipo oscuro que me acecha cada vez que no estás, de ese que de repente se me aparece en el espejo como un torturador, como un recuerdo de tu ausencia que duele cada día más. Debí decirte que te amaba más veces, debí dormir contigo más noches, debí retenerte a mi lado, debí cuidarte más, debí insistir más en que vivieras conmigo aquí y quizá, en esta misma ventana donde ahora no hago más que extrañarte y despedirme, estaríamos contemplando juntos la Riera Alta con un futuro brillante, claro y despejado.

Agnès - 31/12/2008 13:35
Cuanta melancolía... me has hecho retroceder 2 años atrás. Ahora toca mirar hacia delante. Suerte!

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