Jesús Nicolás Alegre - Ciutat Vella - Portal de Santa Madrona - Dimarts, 6 d'abril de 2010

Averigüé posteriormente que ni Hugo Pratt ni Corto Maltés estuvieron mucho tiempo en Barcelona. Lo justo para dar un paseo por el barrio de Ciutat Vella y enamorarse –ambos- de una hermosa joven que con el tiempo fue sindicalista y miliciana.
Por aquel entonces ella era una persona tremendamente ambiciosa que a
consecuencia de ciertos paseos alucinógenos y obsesivos de absenta; y de una búsqueda incesante e inacabada del nombre de un pintor español que aparecía en el ahora famoso cuadro de Renoir titulado “Le bal au moulin de la Galette”, llegó a la conclusión de que había una extraña pero necesaria conexión entre su propio destino -que siempre supuso trágico, como efectivamente terminó siendo- y las siguientes palabras de un poema de Coleridge aprendidas atávicamente en una de aquellas noches de delirio:
“En Cambaluc, alza Kublai Khan residencia de delicias, una cúpula donde Alph,”-(¿acaso el Aleph de Borges?)- “el río sagrado, discurre por cavernas prohibidas al hombre, hacia un mar sin sol, diez millas de fértil tierra, con murallas y torres fueron rodeadas y había en el jardín unos arroyos relucientes y el árbol del incienso estaba florecido y había bosques tan antiguos como las colinas que abrazaban el verde campo soleado…”
        -no conozco la conexión entre ambas paradojas, el rastreo de la pintura y las palabras de Coleridge. Quizá lo que anhelaba realmente no era el nombre del pintor sino Cambaluc, con el deseo, aventuro, de desaparecer.
Estos versos repetidos por ella, escuchadas con sorpresa por Corto –que hacia un tiempo que no la prestaba atención y se concentraba en sus ojos -fueron copiadas y escritas con disimulo en una servilleta -como el mismo Hugo Pratt aseguró años después- escondido como estaba en los baños del café “El molino” situado, ya no existe, en la Carrer del Portal de Santa Madrona.
Tras asistir a la conversación entre Corto y la muchacha, tras ver como ambos se levantaban, tras ver como se besaban, y se marchaban agarrados del brazo, Hugo Pratt juró venganza sobre el personaje por él creado.
Estas palabras, como descubrí, fueron posteriormente atribuidas falsamente –o literariamente- a un general zarista cosaco llamado Ungern Khan -uno de los últimos generales que murió fusilado- que las repitió frente a Corto Maltés en su “Aventura en Siberia”. Con otro sentido, con otra intención.
        La mujer, que nunca se llamó Pandora sino Ignacia, Naxa, murió el 20 de julio 1936 por una bala perdida en una barricada, muy cerca de donde cayó Francisco Ascaso, y a escasos metros del café donde enamoró a Corto Maltés.
nuit - 21/05/2010 09:36
Plas, plas, plas!

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