Jacobo Ayuso - Ciutat Vella - Ciutat Vella - Dilluns, 15 d'agost de 2011

En la Europa de la época medieval y moderna llevar a un gato al agua era mucho más sencillo que lograrlo con un cristiano. Sabido es que, en alta mar, la proximidad de una nave se percibía antes con la nariz que con la vista. Los caminantes con el viento en contra notaban con buena antelación que estaban llegando a una ciudad. De la reina Isabel la Católica (la misma que se escandalizó al ver por primera vez las termas de la Alhambra, estancias diabólicas de placer y pecado) se dice que tal vez se bañó dos o tres veces en su vida. Las crónicas de la vida del Cristianísimo Luis XIV hablan de un gran acontecimiento: en cierta ocasión el rey tomó un baño ¡por prescripción médica!

Barcelona olía a sudor, orines y ropa sucia. Cada noche, a partir de las once, se vaciaban los pozos ciegos que habían llegado al tope (“per voltar més tard de les onze, s’ha de tenir nas de bronze”, afirmaba el dicho). El contenido salía de la ciudad en carros para ser vendido en el llano de Barcelona como abono agrícola. En ¡1828! los reyes de España visitaron un establecimiento junto al convento de Santa Mónica que era todo un adelanto: una casa de baños. Las alcantarillas y el agua corriente tardarían algunas décadas más en llegar.

Hoy somos maestros de la higiene personal. Un barcelonés del pasado que nos visitase en la máquina del tiempo se pasmaría ante nuestros grifos, retretes, duchas, calentadores, lavadoras, detergentes, jabones y desodorantes. También le extrañarían, no obstante, las montañas de desperdicios de los vertederos y nuestros desplazamientos en máquinas que envenenan el aire. Según datos de la Unión Europea, unos 4.000 catalanes mueren al año por culpa de la polución atmosférica, la mayoría en Barcelona y sus alrededores. En higiene colectiva, suspenso con muy deficiente.

 http://barcelonaapie.wordpress.com

nuit - 16/08/2011 10:46
Recuerdo una exposición muy curiosa que hicieron en el Museo de Badalona hace unos 20 años... sobre olores primitivos. Como apestava la ciudad, el mercado, una tienda de arenques, una prisión, un barco pirata... fascinante y asquerosa a partes iguales, lógicamente, era una niña y como tal me encantó!

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